Política

El retorno sinuoso a Nezahualcóyotl y de allí a Comitán: La indigencia política de Elba Esther

Lejos quedó aquella imagen de la niña estrecha con facultades incipientes de elocuencia, con huaraches y tierra, en el éxodo de lo desprovisto de futuro, hacia la seducción de la profusión que pudiese obtener de quien, en el pináculo de su ambición, requería querida joven, ese, el egresado de la Normal Rural de Ozulama, el entenado de Manuel Sánchez Vite, «El Maestro Carlos», artífice de Vanguardia Revolucionaria y ejemplo subsecuente de la alevosía sindical, quien en el paroxismo de su insania, condujo a la «chiquilla» de 16 años, a la visión de un México abyecto, de la parafernalia oficial, de la traición a los profesores, de la entrega de la dignidad.

Fue en la sección 36 del SNTE, donde enseña y ensaña sus ya habilidades adquiridas, comprometiendo los fondos seccionales en el culto a su mecenas; aprendió rápido del mundo de oropel del priísmo escalafonario, sitial de la desvergüenza, la corrupción y la malversación de fondos: allí sus sueños de pobre se transformaron en la avidez por obtener lo que su escasa oratoria de pueblo no le podía liberar.

Fue en sus faenas «conciliadoras» frente a la caída social del gobierno de Miguel de la Madrid, durante los días y meses posteriores al terremoto de 1985, en las que conoció al llamado «Grupo Compacto», reminiscencia de los «toficos» de la UNAM, y grupo estelar en la sucesión gubernamental, el cual, ya instalado en la Presidencia de la República, la utilizó para deponer al pasado ominoso, así como lo hizo en PEMEX y en las gubernaturas. Carlos Salinas de Gortari, fue quien la impulsó a la estratósfera sindical, con aquella estratagema de cooptar a los segundos para justificar la traición con tintes «democráticos» a los primeros, ella, solícita e ingrata, en 1989, consumó la sumisión gremial a los excesos presidenciales con 1.5 millones de pasivos profesores observando el descontrol de la infame y autoritaria «Maestra».

La manta y el taparrabo migraron a la seda y la piel exótica, los diseños de Tzeltales y Tojolabales fue sustituido por Hermés, Chanel y Jimmy Choo, el «democrático» ADO por Hummer, la choza chiapaneca y el multifamiliar en Neza por mansiones en San Diego y Coronado, California, y ya elevada en el cinismo, cambió la balsa por Jet Sky.

Fuera de sí, alejada de los profesores, rodeada por su «burbuja de poder», reta al sistema que la encumbró, previendo el cambio de partido en el gobierno, con la mira puesta en la impunidad y la reserva legal, encuentra eco en la «Martita», personaje ridículo en la comedia del «empoderamiento», con la cual, diseña la penetración de los suyos, los más próximos, sus familiares, en la repartición de los impuestos en modo Alianza, sin importar creencias ni pasado, se encapricha en colocar a su yerno y a su hija con los maestros como moneda de cambio.

La estrategia le funciona una vez más, ahora con la consorte del embebido nuevo presidente en turno, con quienes eleva sus pretensiones de boato que la extravían de la realidad, y con ellas confluyen cirugías, cambios de atuendo, de imagen, de amantes, de historias, de vicios, que se acentúan ante la negligencia del gobierno de «medio dia», son días de gloria, del olvido chiapaneco, de la frivolidad pura y dura.

Nuevos cambios emergen, ciega y enloquecida, pide y no obtiene lo indecible, otra vez para los suyos, sus familiares, le contesta otra Martha, esta vez Santa y de Acatitla, quien la ve dormir y rumiar desde su torre de curación, alejada de la crujías y del mundanal ruido, justificando para sí y para todos la insultante riqueza mal habida, y escupiendo para el mundo asombrado la verdad jurídica sustentada en el «me permitieron robar y está en Asamblea», hecho sobreviniente que le permitió recluirse en si misma y su recinto de Polanco, entremezclándose irrisoriamente con las asiduas de Viviana Corcuera y siendo asistida por emisarios del pasado de bochorno, despistados y algún que otro ambicioso oficialista.

Ya libre, por los preceptos constitucionales que enaltecen a la estulticia, opta por gritar en multimedia y sin sonrojo, una nueva alianza, ahora con la cuarta transformación, citando dichos y enumerando hechos para otros contextos, otros tiempos, otros actores, obviando lo fundamental: Su pertenencia al primer nivel de la «Mafia del Poder».

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